Sólo dos fotos se conservan de Robert Johnson. En una aparece sentado. Camisa blanca, tirantes. Largos dedos negros dibujan un acorde en la guitarra. Mira fijo a la cámara. En sus labios un cigarro. En la otra posa también con su guitarra, vestido de traje, con sombrero. Relajado, sonriente. Alguna vez se afirmó que aparecía en tres segundos de algún antiguo filme. Luego descubrieron que no era él. En la misma cinta se puede ver el cartel de una película rodada dos años después de su muerte.
Cuenta una conocida leyenda que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Misisipi), a cambio de interpretar el blues mejor que nadie.
Bien fuera un pacto o las numerosas horas de estudio, la técnica depurada de Robert Johnson, unida a su voz un tanto fantasmal, se muestran magníficos en un buen número de temas continuamente revisados en el mundo del blues. Muchos de los que conocieron a Robert Johnson personalmente no dejaban de sorprenderse del talento de este joven músico. Los que viajaron y tocaron con él cuentan que podía mantener una conversación en una reunión llena de gente con la radio sonando de fondo sin prestarle aparentemente demasiada atención y al día siguiente tocar nota por nota cada una de las canciones que se habían emitido. wikipedia
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