miércoles, 1 de septiembre de 2010

Comercialización e industrialización

A partir de mediados de los años setenta, se produce en Sevilla un fenómeno que revolucionaría el mundo de la marcha procesional. La aparición de cuadrillas de hermanos costaleros traería consigo un cambio nunca antes visto. Este colectivo comienza a adquirir una gran importancia a la hora de elaborar los repertorios de marchas que habrían de ser interpretados por la diferentes bandas de música en sus procesiones, tendiéndose a seleccionar aquellas marchas que, según su opinión, favorecían el ritmo y el paso del costalero, rompiéndose con el hábito que suponía que el costalero, únicamente, era el encargado de llevar el paso. Ahora, la música queda supeditada al paso, llegándose al punto de que los compositores se ven obligados a componer para el costalero, quedando en segundo plano criterios estrictamente musicales.
Esto en lo que a Andalucía concierne. En otras zonas de España, se continua manteniendo el estilo de marcha lenta, como queda demostrado en títulos como «La Lanzada» que compuso en Cartegena José Torres Escribano en 1981, «La Vía Dolorosa» obra de Aurelio Fernández Cabrera, compuesta en Cuenca en 1992, o «La Soledad» obra firmada en Zamora por Carlos Cerveró Alemany también en 1992.
En Andalucía, la composición de marchas fúnebres queda relegada a un segundo plano, eclipsada por el auge experimentado por aquel estilo de marchas «alegres» creado por Farfán años atrás.
Todas esto ha sido la chispa que ha llevado a la marcha sevillana a infiltrarse en ciudades del entorno, provocando que ciudades como Córdoba, Almería, Jaén, Huelva o Cádiz se vean contagiadas por la escuela hispalense, sumándose a la vorágine de la creación de marchas para sus hermandades. El origen, la aparición en el mercado de los trabajos discográficos de la Bandas Soria 9, con Abel Moreno al frente. wikipedia

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